Nuestros Aylan Kurdy de cada día

Ha pasado un tiempo ya de aquella imagen que no sólo recorrió el mundo, sino que nos conmocionó y nos golpeó hasta el cansancio. Aquella imagen que quizá ya muchos olvidaron, ha sido una de las más crueles que uno pueda recordar, aquella en la cual un niño yace “dormido” – para no decir muerto – en una tranquila playa europea.
Reviso una y otra vez aquella imagen sin dejar de pensar que aquel inocente niño, uno igual a los nuestros, encontró descanso final tendido en una playa a consecuencia de la decisión de sus padres de encontrarle un futuro mejor, uno que ahora espero sea aquél donde los ángeles existen y los niños corren sin más preocupación de cuando ser irá la luz del sol para dejar de jugar, ir a comer y luego a dormir. Aquella misma imagen no me deja hacer de pensar en el contraste de verlo plácidamente sobre la arena producto de la decisión de su familia de encontrar un futuro mejor y que este encontrará el final de sus jovenes años en una añorada playa de Europa, aquella Europa por la cual muchos migrarían a viajes de placer, a realizar estudios o simplemente porque se puede. No puedo dejar de pensar en Aylan, y en quizá cuantos Aylan mucho más cerca existen entre nosotros.

¿Por qué tanto impacto la foto? Quizá es por la única y sencilla razón, Aylan es uno como nosotros, luce como uno de los nuestros, como cualquier niño que incluso pudiera ser chileno, o simplemente por ser niño. Explicaciones muchas, desde las más básicas desde los mas antiguos estudios en neurociencias y de psicología, el altruismo y empatía estan más cerca del “nosotros” que el “entre ellos”. Es por esto

Quizá para muchos una imagen como la anterior puede resultar familiar o incluso algo doloroso por ser lejano y quizas esperado en el contexto donde aquel niño africano podría morir; sin embargo, la imagen de Aylan no, el es percibido como uno de los nuestros, tiene el color de nuestra piel y podría ser perfectamente un niños cercano nuestro, vestido como cualquier de nuestra cultura lo vestiría…

quizás por eso duele más, por darnos el tiempo de conocer más de el en profundidad y que ese es “uno parecido a uno de los nuestros”, yace hoy en una playa de la Europa a la cual incluso nosotros mismos buscaríamos emigrar.

A más de 10.000 Kms de distancia, el caso de Aylan nos parece doloroso, pero no a todos por igual, existiendo muchos que ya vivimos en las “Europas” y aquellos que son nuestros inmigrantes diarios de cada día.
¿Tenemos inmigrantes en el día a día? Obvio que sí, son aquellos millones de chilenos migrantes al interior de la ciudad entre áreas segregadas.

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